jueves, 27 de julio de 2017

Reencuentro

El mánager había intentado no molestarla demasiado y las demás chicas habían preferido cederle uno de los dos camerinos que usualmente utilizaban sólo para cambiarse y que ahora tenía sólo el nombre de ella en la puerta de entrada. La estilista se había retirado hace un rato dejando un sórdido silencio dentro de esas cuatro paredes que la asfixiaban por más pequeña que se sintiese en tan frío cuarto.

Había perdido las esperanzas. No lo vería nunca más. Después de haberla inhabilitado psicológicamente para tener la custodia de Emma, y luego de enterarse que él había cedido su derecho de padre para que su propia hermana se hiciese cargo de la bebé de dos años, supo que era el fin de todo. Estaba vacía, tan vacía que ya había jugado con la muerte incontable ocasiones, siempre siendo descubierta por alguien. Ya ni tenía el control de los calmantes que ahora eran entregados en la hora adecuada y por el mismo Mánager que técnicamente casi vivía con ella. Y ahora que se había enterado que ya no tenía posibilidad siquiera de ver desde lejos al hombre que amaba, sumado al cargo de saber que no vería a su hija nunca más, sentía que el tan llamado 'Dios' que cuando pequeña había alabado tantas veces, la odiaba y que deseaba hacerla sufrir en vida por algo más que el daño que había hecho en esta vida.

Ya estaba tan vacía que ni siquiera lograba sentir dolor, sólo sentía que su pecho se había convertido en un agujero negro que la tenía vagando en algo que no comprendía del todo. Además luego de enterarse del reciente compromiso de él, de James, y del precipitado embarazo de su novia Hana, sintió que todo lo que podía quedar en ella, se había acabado. Era como si dos bombas nucleares hubiesen caído en el país Lena para destruir las ruinas del cataclismo.

"La vida sigue" le habían dicho sus compañeras de grupo, su mánager, el dueño de la compañía y su cuñada. Lo que ellos no entendían es que ya no vivía, sólo respiraba y si hubiese podido, hubiese dejado respirar desde el día que ambos se habían separado.

Los golpes en la puerta la hicieron reaccionar sólo cuando se hicieron más fuertes, y la chica perfectamente maquillada en el espejo hizo una mueca que ella misma realizó. No contestó. Golpearon varias veces más, y cuando creyó que el productor se había cansado, la puerta se abrió. No se dio ni siquiera la molestia de ver quién era. Ni siquiera cuando la silueta se sentó en la silla al lado de ella, en cambio cerró los ojos.

-Fea. -Si hubiese escuchado esa voz antes, hubiese saltado de felicidad al ver de quién se trataba, pero no lograba sentir más que una nada que no sabía de dónde provenía.- Te hiciste algo en el cabello... -Craig intentó una vez más.- ¿Has pensado volver tenerlo rojo? Cuando estaba así te veías menos fea, Fea. -Agregó. Los recuerdos de la época de cabello de fuego la llevaron a un pasado calmo, de risas, en una relación sana, sin dramas, sin embarazos ni matrimonios y dónde no había dolor. Quizás si hubiese dejado la relación con Craig hubiese sido todo mejor, quizás no estaría así, quizás hubiese amado en tranquilidad, no tendría hija, no tendría dolores y James sólo sería su compañero de trabajo. Quizás...- Fea. -La voz del chico alto de su lado la hizo mirarlo inconscientemente. Habían durado cerca de dos años, pero sabía que si lo habían dejado había sido porque eran más amigos que pareja y eso a ambos le pasaba la cuenta.- Lena. -La llamó otra vez al no tener respuesta de su parte. Lo más doloroso de esa época había sido haber perdido a su mejor amigo, al que era su compañero y después de cerca de cuatro años estaba ahí, a su lado, y no entendía qué hacía ahí. Pero lo que sí estaba segura es que no lograba sentir ni siquiera un poco de emoción por eso. No lograba sentir nada. James se había llevado todo.- Cuncuna... -Y el apodo de repente la hizo sentir arder los ojos y ya luego lo vio borroso. El llanto le brotó como si hubiese tocado el interruptor de algo sumamente profundo, oculto y por más que no sintiera nada, lloraba, lloraba como si tuviese cinco años de edad, cuando su madre la consolaba, sólo que esta vez, era Craig quien la tenía contra su pecho.- Estoy aquí, Fea... no te voy a dejar sola, estoy aquí y no me iré, estoy aquí. -Le repitió durante todo el llanto, apretándola. No supo cuánto estuvo llorando, no supo si fueron horas, minutos o segundos, pero se le hizo eterno llorar en sus brazos, eterno y no supo tampoco porqué.

Se quedaron en silencio por mucho rato. Craig había estado frotándole la espalda y corriéndole el cabello del rostro. Podría haberse quedado dormida escuchando el pulso de su pecho, pero dormir le era peor que estar conciente.

-No es necesario que salgas al escenario hoy, Fea... -Le susurró.- Hablaré con tu mánager, y iremos por una pizza. -Murmuró separándose un poco para mirarla.- Además ya me llenaste la camisa de mocos, y estás Feeeea. -Mencionó alargando la palabra en tono burlón ahora.- Vamos, Lena, mi estómago duele. -Dijo moviéndola para molestarla.

Sabía que había vuelto para quedarse.

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